Una solución para Haità más allá del desastre
El mundo es testigo de la tragedia que está sufriendo HaitÃ, la cual tiene grandes ramificaciones para nuestro paÃs. Este desastre solo ayuda a magnificar la realidad de esa nación: Desesperación, creciente pobreza y crisis permanente, la cual se agudizará en la medida que los haitianos se encuentren sin hogar, sin trabajo, sin comida y sin presencia de un gobierno en plena operación y control por falta de infraestructura institucional, recursos y medios de comunicación.
De no afrontarse los grandes retos que representa el estatus actual y futuro de ese paÃs, se podrÃa presentar una crisis total para el mismo impulsado por el caos económico, polÃtico y social, el cual se trasladarÃa a nuestro paÃs.
Si bien la comunidad internacional ha respondido rápidamente con asistencia humanitaria, es solo un paliativo a las grandes limitantes estructurales que ha tenido ese paÃs.
Haità ha estado sujeto a un sin número de ayudas de organismos multilaterales y bilaterales. Si bien eso ha servido como elemento paliativo, la realidad es que ha sido ineficaz para resolver problemas medulares de la nación, especialmente en cuanto su desarrollo productivo.
Por lo anterior expuesto es que la propuesta del presidente Leonel Fernández de elaborar un plan de mediano y largo plazo que abarque toda la problemática, tanto la originada por el desastre, como el permanente rezago institucional, económico y social de la nación haitiana, es una nueva ruta o paradigma para afrontar las crisis coyunturales de HaitÃ. No solo se requiere un plan de reconstrucción fÃsica y de instituciones, sino, también, un plan de desarrollo productivo que permita establecer una estructura de continuidad económica del paÃs. Es fundamental identificar lo que es viable producir y que tiene que hacerse para ser auto sostenibles y los pasos que hay que dar para insertarse a la economÃa internacional.
Los proyectos conjuntos entre ambos paÃses pueden jugar un papel importante en este sentido. De lo contrario, no habrá solución a la creciente migración haitiana hacia RD.
En adición a la ayuda que está ofreciendo el Gobierno dominicano, el plan propuesto por el presidente Fernández permitirÃa que en Haità se establezca un nuevo pacto para procurar, el forma adicional, soluciones estructurales de más largo plazo para que la ayuda internacional sea más focalizada y aterrizada, menos polÃtica y dirigida a procurar una verdadera y real autodeterminación económica y productiva de la nación haitiana, más que ayuda caritativa y de paz.
Es por eso que aun mas es pertinente y necesario firmar una carta de entendimiento o cooperación entre el mandatario dominicano y el haitiano mediante la cual el Gobierno Dominicano asume la responsabilidad de convocar a los organismos multilaterales y bilaterales para que de manera conjunta con las autoridades haitianas se proceda a elaborar un plan de desarrollo productivo para mediano y largo plazo, que sea complemento del Plan Nacional de Competitividad de RD.
Por ejemplo, podemos tomar en cuenta que HaitÃ, desde hace varios años, cuenta con una iniciativa de exenciones arancelarias en el caso particular de textiles y calzados para los Estados Unidos, nuestro principal mercado de exportación para esos dos productos, con la diferencia, de que en RD se requiera, luego de haberse firmado el DR-CAFTA, de que los componentes tengan restricciones. Sin embargo Haità no la tiene.
En consecuencia, podemos usar toda la capacidad instalada en el paÃs, la experiencia en diseño, confección, corte, distribución, etc. y sobre todo los insumos complementarios como las etiquetas, cajas, entre otros accesorios y poder competir con los productores orientales con una mano de obra mas acorde con el mercado mundial.
En fin, se necesita, para la sostenibilidad de Haità y la tranquilidad de la isla, que HaitÃ, luego del rescate, produzca y tenga empleos productivos. Eso solo se logra con inversión. La inversión básica busca tres cosas elementales: seguridad, mercados e incentivos.
En esta coyuntura se puede lograr, con la ayuda de las grandes potencias sobre todo los Estados Unidos, crear un clima de seguridad, consolidar el mercado norteamericano y europeo para confecciones y manufactura simple y que los incentivos fiscales puedan ser extendidos para asà lograr esos vÃnculos en la cadena productiva, agregando valor y sin peder competitividad ante la mano de obra China.







